19o. Dom Ord Ciclo C (Id=539)

Primera Lectura

Castigaste a nuestros adversarios y a tus elegidos nos cubriste de gloria

Lectura del libro de la Sabiduría
18, 6-9

La noche de la liberación pascual fue anunciada con anterioridad a nuestros padres, para que se confortaran al reconocer la firmeza de las promesas en que habían creído. Tu pueblo esperaba a la vez la salvación de los justos y el exterminio de sus enemigos. En efecto, con aquello mismo, con que castigaste a nuestros adversarios nos cubriste de gloria a tus elegidos.
Por eso los piadoso hijos de un pueblo justo celebraron la Pascua en sus casas, y de común acuerdo se impusieron esta ley sagrada, de que todos los santos participaran por igual de los bienes y de los peligros. Y ya desde entonces cantaron los himnos de nuestros padres.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del Salmo 32

Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.
Beátus pópulus, quem elégit Dominus in hereditátem sibi.

Sincera es la palabra del Señor y todas sus acciones son leales. El ama la justicia y el derecho, la tierra llena está de sus bondades.
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.
Beátus pópulus, quem elégit Dominus in hereditátem sibi.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida.
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.
Beátus pópulus, quem elégit Dominus in hereditátem sibi.

En el Señor está nuestra esperanza, pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo. Muéstrate bondadoso con nosotros, puesto que en ti, Señor, hemos confiado.
Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.
Beátus pópulus, quem elégit Dominus in hereditátem sibi.

Segunda Lectura

Esperaban la ciudad de dolidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Lectura de la carta de los hebreos
11, 1-2. 8-19


Hermanos:
la fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera es conocer las realidades que no se ven. Por ella fueron elevadas nuestros mayores.
Por su fe, Abraham, obediente al llamado de Dios, y sin saber a donde iba, partió hacia la tierra que habría de recibir como herencia. Por la fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, en tiendas de campaña, como Isaac y Jacobo, coherederos de la misma promesa después de él. Porque ellos esperaban la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Por su fe, Sara, aún siendo estéril y a pesar de su avanzada edad, pudo concebir un hijo, porque creyó en Dios habría de ser fiel a la promesa; y así, de un sólo hombre anciano , nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como las aterías del mar.
Todos ellos murieron firmes en la fe. Nos alcanzaron los bienes prometidos, pero los vieron y los saludaron con gozo desde lejos. Ellos reconocieron que eral extraños y peregrinos en la tierra. Quienes hablan así, dan a entender claramente que van en busca de una patria, pues si hubiera añorado la patria de donde habían salido, habrían estado a tiempo de volver a ella todavía. Pero ellos ansiaban una patria mejor: la del cielo. Por eso Dios no se avergüenza de ser llamado dios pues les tenía preparada una ciudad. Por su fe, Abraham, cuando Dios le puso una prueba, se dispuso a sacrificar a Isaac, su hijo único, garantía de la promesa, porque Dios le había dicho: De Isaac nacerá la decencia que ha de llevar tu nombre. Abraham pensaba, en efecto, que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, por eso fue devuelto Isaac, que se convirtió así en un símbolo profético.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía: "Éste es mi Hijo amado; escúchenlo".
Allelúia. Vigiláte et estóte paráti, quia qua nescitis hora Fílius hóminis ventúrus est. Allelúia.

Honor y gloria ti, Señor Jesús.

Evangelio

también ustedes estén preparados

†Lectura del santo Evangelio según san Lucas
12, 23-48

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo. Jesús dijo a sus discípulos;: "No temas rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino. Vendan sus bienes y den limosnas. Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen el el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no llega el la ladrón, ni carcome la polilla. Porque donde está tu tesoro , ahí estará su corazón.
Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su Señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos quienes su Señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguró que se recogerá la túnica, los hará sentar en la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a media noche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos.
Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no lo dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen vendrá el Hijo del hombre"
Entonces Pedro le pregunto a Jesús: "¿Dices esta parábola solo por nosotros o por todos?"
El Señor respondió:
"Supongan que un administrador, puesto por su amo en frete de la servidumbre, con su cargo de repartirles a su tiempo sus alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo a su llegada lo encuentra,cumpliendo con su deber.
Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si esté siervo piensa: 'Mi amo tardará en llegar' y empieza a maltratar a los criados y a las criadas, a comer, beber y a embriagarse, el día menos pensada y a la hora menos inesperada, llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte que los hombres desleales.
El servidor que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho, y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más".
Palabra de Dios.

[Misa]

 

Prefacio

El misterio de la salvación

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. El cual, compadecido del extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen; sufriendo en la cruz, nos libró de eterna muerte y, resucitando, nos dio vida eterna. Por eso con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
[Misa]

 

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